lunes, 7 de febrero de 2011

INCIPIENTE

 
Incipiente... amor mío, las palabras queden.

Inerte concilio a bandazos
el único sentido abrazo
que brindó la muerte
a un amor sin tormenta,
haya querido la suerte
que el aire nos diese de frente
en nuestra hendida veleta,
pues sin saber si sentías
resignado a que no sientes,
por no volver a quererte
huí de la despedida,
y sin saber lo que hacía
vestí de aliento tus ojos,
en los reflejos de otoño
con lenguas de rebeldía.

Lloré más por cobardía
que de sentimientos funestos,
ya no te estaba perdiendo
porque ya estabas perdida,
en alguna lejana orilla
de donde partiste sin remos,
ensamblando crisantemos
en un barco a la deriva,
sobre labios en tu boca,
flor de brisa latente,
no recuerdo, estoy ausente,
sería de loco a loca.

Besos de enamorada,
extraños, que denudaron
con el ladrón de los años
las noches de la alborada,
y se quedaron en nada.

Quién prodigase una vida
el sinsabor de la herida
que sangra cicatrizada,
o es un secreto oculto,
que en un siglo heredamos
por el camino más largo
el amor más profundo.