lunes, 30 de julio de 2007

COSAS CON LAS QUE NO CONTAMOS Y OTROS CUENTOS QUE ME INVENTO


Antes de empezar a contar otra historia
te desnudo y ato contra los remordimientos,
acecho tu cuerpo como una bestia hambrienta,
te abro las piernas y tiro con fuerza de tu pelo,
al primer gemido te hallo inventada en el silencio.
 

A ratos mi dedo aprendiz repasa tus labios
virando por sus extremos mágicos,
mis ojos se centran en tu memoria
y un intento de sonrisa comba el espacio.
 

Culmen, azogue negro, destierro inmediato,
culmina tu azote eterno nuestro destino imposible.
 

A ratos levanto los párpados, estoy tumbado,
solo en mi habitación leyendo párrafos del aire,
paso despacio las páginas centrales.
Dicen: nocturnidad vidriada en la ventana
aletargando el tiempo sin clemencia...
y una duda mojada se encuentra a si misma
porque había dejado de revolver los cajones,
me pregunta y se obceca, arto, la escondo.
 

A ratos todo se repite con la misma intensidad
formulándose como el tiempo que te vi
menos el que no te he visto ni veré
resultando la eternidad exacta de luna menguante.
 

A ratos te cojo la mano y me fijo,
un brillo de enamorada mueve tu boca roja,
rojos besos del momento, rojos besos que me debes
y pronuncio un te quiero ensayado en el espejo.
 

Tu boca roja no habla, será empacho de envolverte
la lengua con lengua y lágrimas…
tu boca roja no habla, tu boca roja es coherente.
¿Un amor que te espera o un amor que se acaba?
 

A ratos un hedor a podrido me tiende en el techo
devolviendo a ese prodigio inmediato, el presente,
escruto latidos o la televisión encendida,
en una hora van diecinueve y la hora no avanza,
escribo canciones en blanco sin guitarra...
 

La luz del flexo fotografía telarañas,
sombras chinescas, mi habitación es un teatro,
jamás tendrá público, doy la vuelta a la cama,
la cama se queja de andar por el alma,
el alma requiere morir por sorpresa
y una fila de damas entra por la persiana.
 

Una luz, un preso y quise adivinar tu amor,
me diste la espalda y el mundo se hizo real,
ya hundía mi rostro con los ojos cerrados,
ya hundía el futuro a expensas de ti,
ya hundían mi amor tus ojos cerrados,
cerraste los ojos y te descubrí divina,
con los ojos cerrados me susurraste al oído te quiero.
 

Si con los ojos cerrados sangraba un te quiero,
aquello ya fue un aguacero de abismos pálidos,
una herida de cientos profunda y saliente
como el adiós instantáneo y por siempre.
 

A ratos creo ver amanecer entre las nubes
pero sólo es un reflejo, la luz de una farola
como la que nos iluminó el primer beso,
creo que hoy tampoco voy a dormir.